REDES SOCIALES Y TECNOLOGÍA

Por Levante EMV

En la última década ha habido un aumento desmesurado en la utilización de las nuevas tecnologías y las redes sociales. La tecnología, como tal, es algo bueno y favorece al ser humano en su componente comunicativo y educativo pero lo malo es el uso inadecuado que podemos hacer de ella.

La evolución de la tecnología no solo ha deparado novedades en los medios que podamos utilizar con una mayor o menor significatividad en nuestro día a día: la evolución de la tecnología ha modificado nuestro concepto de persona y está condicionando, incluso, nuestro modo de pensar.

Para muestra, un dato significativo: el smartphone que podamos tener en el bolsillo es unas 100.000 veces más potente que el ordenador que sirvió para llevar al hombre a la luna en 1969. Y es que, en los últimos 50 años, la revolución tecnológica ha llegado a cotas inimaginables. Incluso muchos de los presagios de las películas más futuristas de algunas décadas atrás han llegado a hacerse realidad y, a día de hoy, nos parece de lo más normal: televisión a la carta, geolocalización, videoconferencia, drones, teletrabajo, teleformación, nanotecnología, domótica, y, en general, digitalización de la vida.

Pero su uso excesivo o inapropiado puede resultar esquivo para los niños, jóvenes y adultos. Hoy, el concepto de persona está peligrosamente vinculado al de perfil digital. Ello implica que lo que más les preocupa a muchas personas es cuál
será  su imagen o qué seguimiento tienen en las redes sociales. Esta circunstancia se agrava aún más cuando estos perfiles no muestran la verdadera identidad de la persona que está detrás, sino que surgen dobles personalidades para la vida real y digital, pudiendo llegar el momento de confundir la una con la otra.

Además de ello, existe el calvario a engancharse a la tecnología: minutos, horas, tal vez días enteros utilizando videojuegos, comunicación casi enfermiza por medio de smartphones, o lo que es peor aún, uso de la tecnología para modificar identidades, conectar fraudulentamente con otros personas y llegar, incluso, a cometer delitos de abuso o de acoso. La tecnología debe hacerse como uso correcto para acabar con algunas diferencias y contribuir a la mejora de la vida cotidiana. El objetivo de la tecnología es que sea un medio, no un fín en sí mismo.
Como dice el experto en redes sociales Godfried Bogaard, «en el pasado, eras lo que tenías, ahora eres lo que compartes».

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