
Por Leyda Rodríguez Páez
Tras la puesta en marcha de los planes de vacunación en el mundo entero el regreso a las oficinas es inminente. ¿Cómo deben estar equipados estos espacios en esta etapa de la pandemia?
Aunque los planes de vacunación en muchos de los más importantes centros urbanos del mundo parecen haber dado un respiro a las penosas circunstancias impuestas por las primeras fases de la pandemia, caracterizadas por confinamientos y cuarentenas muy estrictas, es demasiado pronto para hablar de un mundo post pandémico.
Aguardan en el horizonte muchos desafíos, como por ejemplo el conocimiento más profundo y certero acerca del comportamiento y naturaleza del Sars-Cov-2; la aparición de nuevas variantes más agresivas del virus; la puesta a prueba de las vacunas (su efectividad en el largo plazo y sus efectos colaterales) y las dificultades inherentes a la inmunización colectiva, representadas en las bajas tasas de vacunación en el tercer y cuarto mundo, así como la resistencia de ciertos sectores de la sociedad a recibir las vacunas, a usar mascarillas o a seguir los protocolos mínimos de bioseguridad, como el mantenimiento del distanciamiento social y el control de aforo en espacios cerrados.
Sin embargo, tras un año y medio de la declaratoria de pandemia, los avances en salud pública han sido notables y las cuarentenas parecen ser un asunto del pasado.
En esa medida, se ha abierto el debate acerca de la pertinencia del regreso al trabajo en los grandes edificios de oficinas.
Varios aspectos son de gran relevancia para determinar la conveniencia de este regreso a las oficinas.
En primer lugar, no parece haber un consenso entre los trabajadores acerca de los beneficios del teletrabajo.
Para algunos, trabajar desde casa ha representado la oportunidad de eliminar de sus rutinas los desplazamientos de la casa al trabajo y viceversa, así como una mejor calidad de vida, al evitarles el tránsito por ciudades atascadas, las multitudes de personas desplazándose en horas pico por sistemas masivos de transporte y la oportunidad de estar más cerca de sus familias y hogares.
La experiencia de otros, en cambio, ha sido tener que afrontar jornadas de trabajo más extensas, trabajar en lugares poco adecuados, sin los equipos, el mobiliario ni la conexión a red necesarias para la eficiencia y el confort, enfrentar el cuidado de los hijos a la vez que se asumen las tareas diarias del empleo y muchas restricciones a la vida social.
Más allá de estas percepciones y experiencias personales, hay aún aspectos de salud pública que es muy necesario poner en consideración: la vuelta a las oficinas involucra riesgos de contagio, tanto en estos espacios como en los sistemas de transporte público.
No debemos perder de vista que las vacunas hasta ahora representan una protección contra la enfermedad, pero no la inmunidad, lo que en otras palabras significa que incluso vacunados podemos contagiarnos y contagiar la enfermedad.
El debate está en la escena central de las políticas empresariales de algunas de las más grandes corporaciones del mundo.
De acuerdo con The Economist, algunos de los partidarios más fervientes del regreso a las oficinas están en Wall Street.