Con este mismo título, y otros parecidos, se publicaron una serie de artículos en marzo de 2018. No queda del todo claro si se trataba de notas periodísticas o de mera propaganda del gobierno de Michoacán. El punto es que la Secretaría de Seguridad Pública estatal anunció en ese entonces que podría vigilar en “tiempo real” las diez regiones de la entidad. En las notas, los medios locales repetían a coro que se realizaría una “inversión histórica” en tecnología de punta (al parecer el histórico presupuesto fue de 7 mil 600 millones de pesos). Se mencionaban cámaras de videovigilancia, arcos carreteros y botones de emergencia. La cereza del pastel era un futurista “sistema de emisión láser que transporta ondas de información de manera inmediata”.

Como no hay que tener complejos, en las notas se afirmaba que Michoacán contaría con el Centro Estatal de Comando, Comunicaciones, Cómputo, Control, Coordinación e Inteligencia (C5i) “más grande y equipado de América Latina”. Se concluía que esta infraestructura haría posible contar con imágenes y capturas rápidas de codificar, para que los elementos de la Policía Michoacán pudieran brindar apoyo en caso de que así se requiriera. Unos meses después, en agosto de 2018, el secretario de Seguridad Pública estatal dijo que el C5i estaba casi listo, y que iniciaría operaciones antes de que terminara el año. Después, misteriosamente, se dejó de hablar del proyecto.

A finales de mayo de 2019, ya lo sabemos, el Cártel Jalisco Nueva Generación lanzó una ofensiva en Michoacán. Primero circuló un video en el que se puede apreciar cómo hombres armados, en una veintena de vehículos rotulados con las siglas “CJNG”, avanzan en caravana. Horas después el infierno se desató en el centro de Zamora, la tercera ciudad más grande del estado. Desde vehículos –rotulados como los que aparecen en el video– los sicarios abrieron fuego contra elementos de la policía. Cuatro uniformados murieron como consecuencia de este ataque.

Las agresiones continuaron. Fue rafagueada la fachada de un hospital y la de la casa de un funcionario del ayuntamiento. A lo largo de la semana pasada el CJNG atacó a células de Los Viagra en distintos puntos del estado. Ante estos repetidos hechos de violencia, la respuesta de las autoridades estatales y federales ha sido invariablemente lenta. Los criminales han tenido tiempo suficiente para escapar y no se tiene noticia de que ninguno de los vehículos rotulados haya sido interceptado antes de que sus tripulantes lo abandonaran. A toro pasado se anunció, como es costumbre, un reforzamiento de la seguridad en Zamora. También se anunció que en julio se enviarán a Michoacán elementos de la Guardia Nacional (es decir, el CJNG tendrá por lo menos un mes más para afianzar su presencia en el estado).

A los gobernadores les gusta apantallar con obra y con tecnología. En la última década los C4 se convirtieron en C5 y ahora en C5i. Salen nuevas versiones, pues, como con los iPhone. Sin embargo, pasan los años y lo que no vemos es que esa tecnología se utilice para lo que sería más esencial: impedir que los criminales desplacen “comandos armados” (al menos no de forma ostentosa por carretera o en zonas urbanas). Impedirlo sería clave, pues los niveles de violencia que actualmente observamos sólo son posibles porque el CJNG y otras organizaciones tienen un enorme margen para mover a sus ejércitos privados (que son los que pueden incendiar una región completa, como vimos la semana pasada en Michoacán, o como es más o menos frecuente en Tamaulipas).

Si la SSP de Michoacán tiene las capacidades que dice tener (y que además deberían estar fusionadas con las del gobierno federal) es difícil pensar que las horas de angustia que se vivieron en Zamora no pudieran anticiparse. Reunir y desplazar un comando armado de varios vehículos inevitablemente genera patrones atípicos de circulación: demasiadas camionetas siguiendo una ruta inusual o manejando en convoy, tal vez muchas sin placas o con reporte de robo (ya no hablemos de las siglas CJNG rotuladas al costado). Aun así, hasta donde sabemos no se prendió ningún foco rojo en el C5i en Morelia.

Es posible que el inmenso gasto en cámaras, equipos e instalaciones sea en muchos casos un despilfarro, ya sea porque no se tiene la conectividad o el mantenimiento necesarios, o porque la información simplemente no se analiza. Hay otra posibilidad, todavía más grave. Que las ofensivas como las del CJNG en Michoacán no sean del todo sorpresivas, y que las autoridades decidan que es preferible no evitarlas. No sería la primera vez. Algo así pasó en Veracruz en 2011, cuando el gobierno de Javier Duarte prácticamente le dio carta blanca a los sicarios del CJNG para arrasar a sus rivales.